Jeremy Wariner: el ¿rapero? que coleccionaba oros

Ningún cuatrocentista de la historia pareció jamás tan sobrado de fuerzas. Se diría que Jeremy Wariner, Pookie para los amigos, no derrama ni una gota de sudor. Su comportamiento en la pista es tan natural, lo hace todo tan fácil, que recuerda a Jonathan Edwards: un prodigio del atletismo en un cuerpo perfectamente normal. Sin embargo, la impresión es que si las lesiones le respetan, Wariner no se parecerá a Edwards ni a ningún otro; que Wariner solamente se parecerá a Wariner.

Pookie, ese chico con pinta de rapero en las antípodas de un caballero de Oxford, ha sido dos veces doble campeón del Mundo de 400 y 4×400 metros (Helsinki y Osaka), es oro olímpico de 400 y 4×400 (Atenas), y le quedan como poco un par de Juegos por delante. Cuando llegue Londres, en 2012, tendrá 28 años.

La vida de un atleta está llena de incertidumbres y, lógicamente, es incierto si Wariner conseguirá todo lo que parece predestinado a conseguir. Sin embargo, su a priori es ancho como el horizonte. Está en esa etapa dulce del deporte en que todo sale bien; la presión no le atenaza, es más, uno diría que le estimula, incluso. El planeta atletismo estaba pendiente de él en Osaka y no se le encogieron las piernas. En unos Mundiales de baja intensidad, con la sombra de Pekín al acecho, Wariner rindió sin guardarse nada y cumplió con su papel de estrella, compartiendo protagonismo con Tyson Gay, Bernard Lagat y, especialmente, con Allyson Félix, que es algo así como su alter ego femenino, pero a todo color.

Wariner, quizá fue su única culpa, no logró el prometido récord (tras la disputa de los 100 y 200 metros, ya sabíamos que la pista de Osaka no era tan rápida como se decía), si bien a cambio dio espectáculo y paró el reloj en una marca excitante (43.45 vs 43.18 del tope mundial). Demostró, además, que ha llegado al estado físico y mercantil que sueña cualquier mánager: su presencia vende tanto como sus resultados. Y hay motivos: es un campeón elegante y esbelto en un mundo de sprinters que parecen culturistas. Posee un tobillo prodigioso, una zancada propia del mediofondo, y en el corto espacio de 400 metros, imparte un magisterio de armonía y precisión.

Jeremy Wariner
USA Today

Un clon (blanco) de Michael Johnson

Las equiparaciones con Michael Johnson son moneda común, aunque su complexión y su estilo sea diferente. Les une, sin embargo, el hecho de que ambos estudiaron en la Universidad de Baylor, el llamado Hogar de los Campeones Olímpicos. El propio Michael es su agente, y guía sus pasos el mismo entrenador, Clyde Hart. De momento, Jeremy ha bajado 35 veces de 45 segundos, la mitad aproximadamente de las 66 que registró el plusmarquista mundial. Por añadidura –igual que el Expreso de Waco­– aguanta cinco meses en forma, de abril a agosto, sin pasarse de rosca. El año pasado, en septiembre, aún corría (y ganaba) en 44.02.

Jeremy (31.01.1984, Irving, Texas) fue rescatado a tiempo del fútbol americano. A los 17 años ya daba una vuelta a la pista en menos de 48 segundos. En 2002 acreditó 46.10 y se clasificó cuarto en los campeonatos junior de su país. A la temporada siguiente derrotó a todos sus compatriotas menores de 20 años con 45.13. Iba a más. Pero estas magníficas prestaciones no significan mucho en Estados Unidos, donde cada ejercicio aparecen y desaparecen velocistas por debajo de 45 segundos que nunca acudirán a unos Juegos o a unos Mundiales.

El caso de Pookie era diferente porque tenía margen de mejora. Al parecer, pese a sus notables marcas en competición, realizaba entrenamientos decepcionantes. Clyde Hart cita un interval de 9 x 200 metros a 27 segundos recuperando 3 minutos, algo ridículo para un junior de su nivel. A menudo –eso dice su preparador– tenía que gritarle para que no se acomodara con ritmos fáciles en la pista. Correr a solas o con atletas de inferior nivel empeoraba el rendimiento de Wariner.

Pero en invierno de 2004, su grupo tejano ya era el más rápido del mundo en la vuelta a la pista, y comprendía a Sanya Richards y a varios velocistas de menos de 45 segundos en 400 metros como Darold Williamson. Es justo entonces cuando Michael Johnson declara en la prensa deportiva americana que Jeremy es su sucesor, provocando la perplejidad de quienes apuestan por Kerron Klement, el propio Williamson, e incluso otras dos docenas de corredores de su generación mucho más sólidos en aquel tiempo.

Paso a paso, sin agobiarse por la profecía, Wariner hace una buena temporada indoor, y en los albores de la temporada al aire libre, en la mismísima ciudad de Waco, a pocas manzanas de la imponente casa de Michael Johnson, baja por primera vez 45 segundos: 44.80. Días después, en Austin, da nuevas pistas de su progresión en los campeonatos universitarios. Allí vence con 44.71. Además, su actuación resulta decisiva en los relevos 4×400 con la camiseta verde de Baylor. Wariner corre su posta en 43.9, remontando de la séptima a la primera posición.

El espectáculo de los Trials

La señal definitiva llega en julio, durante los Trials de Sacramento, donde Pookie acredita la entonces mejor marca mundial de 2004, 44.37. Aquella victoria a lo grande le otorga el pasaporte a los Juegos Olímpicos de Atenas.

Desde los Trials hasta la Olimpiada, el entorno de Wariner, que ya comienza a ser multitud, le hace desaparecer prácticamente de la escena internacional, y lleva sus entrenamientos entre algodones. Se rumorea que fue tal la fiereza de aquellas sesiones, que llegó a realizar un test de 500 metros en 58.5 segundos. Nada que ver con su pereza de otros tiempos. Si seguimos la leyenda, dicho test habría sido mejorado el pasado mes de julio, motivando esas declaraciones antes de competir en Londres y Estocolmo, en las que Wariner afirmó que iba a correr en “43 y algo”.

Los Juegos Olímpicos y su puesta de largo internacional

Aunque ya era relativamente famoso en Estados Unidos, los vigésimo cuartos Juegos de la Era Moderna son para casi todo el mundo la presentación, la puesta de largo internacional de Jeremy Wariner. Puede decirse que desde el mismo momento en que aquel muchacho enjuto acomodó –primera serie eliminatoria– sus largas piernas en los tacos, la aldea global del atletismo memorizó su nombre.

Se impuso en la final con la mejor marca que un blanco jamás había registrado hasta entonces: 44.00. Además, dio una sensación de facilidad inaudita, dejándose tal vez alguna centésima en el tintero por levantar los brazos. También ganó una segunda medalla de oro con el equipo de Estados Unidos en relevos 4×400 metros (tercera posta). El equipo lo integraban Otis Harris, Derrick Brew y Darold Williamson.

Mundiales de Helsinki

Siempre hay tropiezos, sin embargo, en el camino de los mejores. En 2005 emergió una pujante generación de cuatrocentistas blancos. Desde tiempos de Víctor Markin, el campeón olímpico en los mutilados Juegos de Moscú (1980), o de Thomas Schoënlebe, el dopado campeón Mundial en Roma (1987), la raza negra disfrutaba de una incuestionable superioridad en la vuelta a la pista. Pero ahora ya no sólo era Wariner. Estaba el americano Andrew Rock, que luego sería segundo en Helsinki con 44.37; y el británico Timothy Benjamín, heredero de Roger Black, que precisamente derrotó en Londres a Wariner (44.75 por 44.86) dos semanas antes del Mundial de Helsinki. Se trata de la única vez que Pookie ha perdido una carrera bajando de 45 segundos. ¿Se apagaba su estrella? ¿Otro Quince Watts, otro Steven Lewis echado a perder?

Pues no. En la capital de Finlandia, Wariner compareció en plenitud, y afinó en las pruebas de calificación. Fue una réplica mejorada de sí mismo en Atenas. Pese a disputar las series y semifinales bajo la lluvia, y la final con menos de 23 grados de temperatura ambiente, descendió por primera vez en su vida de 44 segundos (43.93) y se proclamó campeón mundial con mayor margen, incluso, que en los Juegos. Tres días después conquistó el oro en los relevos 4×400 metros, haciendo la última posta y acompañado por Andrew Rock, Derrick Brew y Darold Williamson.

El año 2005 lo remata lesionándose en Montecarlo. Tenía una contractura en el bíceps femoral de la pierna izquierda, y se paró en los metros finales. Concluyó último con 46.37. Ganó Tyree Washington, y es la última derrota en 400 metros de Wariner hasta el día de hoy.

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Daily News

La transición de 2006

El año 2006, sin Mundiales ni Olimpiadas, es una temporada para hacer caja y mejorar cronos. El 11 de febrero un equipo formado por Kerron Clement, Wallace Spearmon, Darold Williamson y el propio Wariner batió en Fayetteville (Arkansas) el récord mundial indoor de relevos 4x400m con 3:01.96.

En mayo, y con 1,2 metros por segundo de viento a favor, Wariner realiza en Carson su mejor crono en 200 metros: 20.19. Algunos puristas dicen que estos números no son de cuatrocentista rápido, pero a su nivel, probablemente, la velocidad por abajo ya no da dolores de cabeza. Lo normal es que muchos hombres que han descendido de 44 segundos en 400 metros no corran, aunque puedan, en menos de 20 los 200, tal vez porque no se prodigan en la distancia inferior o porque maldita la falta que les hace. Michael Johnson y LaShawn Merritt son, en este sentido, la excepción. El caso es que Harry Butch Reynolds (43.29, suspendido por dopaje y posteriormente recalificado), Quincy Watts (43.50) o Steven Lewis (43.86), jamás bajaron de 20.40, aunque sin duda es Danny Everett el que tiene marcas más compensadas (20.08, 43.81), y el único que recuerda la fluidez en carrera de Wariner. Tampoco a él se le descomponía la figura al competir.

Pero volvamos con Wariner y el año 2006. El 14 de julio, en Roma, se impuso en la Golden Gala con un tiempo de 43.62 segundos, nuevo récord personal. Además, en septiembre ganó en Berlín su sexta prueba consecutiva de la Golden League, compartiendo el premio con Asafa Powell y su compañera de entrenamientos Sanya Richards.

Trackarena.com
Trackarena.com

Una temporada perfecta

En 2007, Wariner ha competido sin descanso desde abril (como siempre), y ha participado en multitud de carreras de 200 metros, la mayoría en condiciones climáticas adversas. En ninguna ha bajado de 20.35 ni ha dado la sensación de tomarse el asunto con gran interés.

En cuanto a los 400 metros, sus primeras grandes marcas del año se cronometraron en el propio Estadio Nagai de Osaka (44.02 en mayo) y, por supuesto, en Estocolmo (43.50 en agosto), donde empequeñeció a Kerron Klement, plusmarquista mundial en pista cubierta.

Justo entonces, realizó un entrenamiento que anticipaba grandes cosas y no le importó airear: 2×350 metros a 41 y 40 segundos, con cinco minutos de recuperación. Llegaba en forma a su gran objetivo del año, Osaka.

Se puso en marcha a las 10.17 de la mañana del martes 28 de agosto, siete horas menos en España, en una serie de calificación donde su rival más cualificado era Avard Moncur, aquel bahanameño que fue campeón mundial en Edmonton-01. El gigante Moncur (1,96 de estatura), lejos de su esplendor pero aún en una forma muy digna, pareció un hobbit en comparación con el norteamericano. Pookie ganó con 45.10 y en la recta final pisó el freno tan pronto, tan bruscamente, que un centímetro después de pasar la línea de meta, ya estaba parado. La llanta de sus zapatillas aún debe de estar marcada en el sintético del estadio Nagai.

En la semifinal, disputada al día siguiente, Wariner partió por la calle siete y desembocó primero en el 300 (31.8), dejándose ir y sonriendo como si estuviera de romería. Hizo 44.34 segundos, vamos, para partirse de risa.

Y en éstas llegó a la gran final. Recaía sobre él la responsabilidad de firmar algún récord en unos campeonatos huérfanos de plusmarcas. No rehuyó su protagonismo. Gerardo Cebrián, el jefe de prensa de la Federación Española, abandonó su puesto en cabina y bajó a ras de pista sólo para ver correr a la estrella; la cual salió como un obús por la calle seis, y al ponerse a la altura del francés Leslie Djhone, se contuvo. Al paso por los 200 metros, y hasta el 300 (31.4), LaShawn Merritt estaba muy cerca, pero en los últimos 80 metros se atascó, y Pookie, crispado también pero sin llegar a atascarse, hizo 43.45. Tal vez el viento que se levantó en los prolegómenos de la carrera empeoró algunas centésimas su crono final.

En el relevo 4×400 estuvo mal acompañado y careció de rivales. Jeremy hizo su trabajo con una posta en 43.1, pero el esfuerzo del enrabietado Merritt no fue suficiente apoyo, y ni Angelo Taylor ni Darold Williamson rindieron con ese plus que se necesita para batir un récord del mundo.

Hablar del futuro en atletismo –y en tantas otras cosas– es un ejercicio de adivinación imposible. Puede que Jeremy Wariner no consiga nunca el récord, y logre sin embargo una ristra de medallas sin igual. O tal vez lo bata en las reuniones de otoño, y deje anticuadas estas líneas. Incluso puede tomárselo con calma, y desbancar a Michael Johnson en algún momento de las próximas cuatro o cinco temporadas. Con Pookie la imaginación es libre. Dile una ciudad, y te dirá un triunfo. Lleva seis temporadas consecutivas mejorando sus prestaciones y cada vez que corre, cada vez que se destaca en la recta final, los aficionados elevan una pregunta y un ruego. La pregunta es dónde está su límite; el ruego, que tarde aún muchos años en encontrarlo.

Juan Manuel Botella 

Atletismo Español, septiembre de 2007

 

NOTA: En 2008 Wariner cambió de entrenador, una polémica decisión que tomó, según diversas fuentes, por motivos económicos. Desde ese momento, sufrió una regresión que le llevó a correr los 400 metros varios segundos por encima de sus mejores tiempos, e incluso a perder medallas y títulos que parecían a su alcance. Para cuando quiso arreglarlo y volver con su técnico, era demasiado tarde. Él lo achacó a lesiones y a problemas de concentración. Fuera lo que fuese, no volvió nunca más por sus fueros y las líneas que escribí en 2007, soñando sin decirlo con los 42 segundos, son una especie de nostálgico patinazo. Ahí queda negro sobre blanco, para siempre.

 

 

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