Samuel Wanjiru: ¿hacer caja o tener paciencia en el deporte?

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Samuel Kamau Wanjiru es uno de los kenianos más cotizados del mundo; también uno de los que más encendido debate suscita en torno a la siguiente cuestión: ¿hacer caja o tener paciencia en el deporte?

A su dominio descarado en los 21,097 kilómetros, se acaba de añadir un logro mareante: la victoria en el maratón de Fukuoka. Ya se oyen los cascos de los caballos del dinero galopando a su espalda.

Los escépticos recelan porque sólo tiene 21 años y lleva tres temporadas consecutivas en la élite. Hay demasiados antecedentes, dicen, de atletas africanos fabulosos que se pierden por el camino. Sin embargo, si profundizamos en la historia de Samuel da la impresión de que, lesiones aparte, su carrera se apoya en sólidos cimientos. Yo le miraría de reojo en los Juegos de Pekín, por supuesto si tienen a bien seleccionarle que, en cuestiones de selección, sobre todo cuando tienes mucho dónde elegir como en Kenia, dos y dos no son cuatro.

Pero hagamos las presentaciones. Hablamos de un pequeño fondista (1,63 metros y apenas 50 kilos de peso) nacido en 1986 y que no sufre la sobreexplotación de otros compatriotas, abocados a una promiscuidad competitiva que recuerda la época de la esclavitud. Wanjiru, muy al contrario, se prepara en Japón a las órdenes de Koichi Morishita, un técnico de temperamento reflexivo que fue plata en los 42,195 kilómetros de los Juegos de Barcelona-92. En manos de Morisihita está la perdurabilidad de este kikuyu de zancada económica; lograr que su paso por el atletismo sea una relación estable, vamos a llamar las cosas por su nombre, en vez de un polvo rápido.

Africanos en Japón

Desde hace tres décadas, el país del Sol Naciente garantiza sentido común y equilibrio a los corredores africanos que acoge. Allí se entrenan algunos de los kenianos más rocosos del circuito, como Martin Irungu Mathathi, que puso en aprietos a Kenenisa Bekele en los últimos mil metros del Mundial de Osaka, o, en su día, Eric Wainaina (medallista olímpico en Atlanta-96 y Sydney-00) e incluso Douglas Wakiihuri (campeón mundial de maratón en Roma-87) .

Samuel Wanjiru nació en Nyahururu, a unos 200 kilómetros de Nairobi. Comenzó a practicar atletismo en 2000, a la edad de 14 años. Sólo un año después irrumpió en las listas mundiales como elefante en cacharrería, al registrar un tiempo inaudito de 28:36.08 en los 10.000 metros con una edad que equivale a la categoría cadete en España.

En la temporada siguiente, ya fichado por los técnicos nipones, se le orientó al mediofondo, pero tras disputar a regañadientes un 1.500 en 3:50.22 y algunas pruebas de 800 en el rango de 1:52 (¡incluso algún 4×400!), se inscribe en otro 10.000, y detiene el reloj en 28:20.06.

Su progresión continúa, aunque más lentamente de lo esperado. En abril de 2004, se clasifica octavo en una prueba de 10.000 metros en Kobe, donde un despiste le impidió romper la barrera de los 28 minutos. Hizo 28:00.14, a pesar de que vaciló unos segundos en la penúltima vuelta, creyendo que ya había terminado. Este registro, que sería maravilloso para un fondista europeo, no figuraba sin embargo en la cima del ránking mundial júnior, donde menudean talentos precoces que firman –mitin sí, mitin también–, diezmiles a menos de 27:30. ¿Qué había pasado? ¿Por qué el cadete que corría en 28:36 sólo había mejorado 36 segundos en dos años? La respuesta de Morishita es tajante: “Si hubiéramos seguido entrenándole como hacen algunos en Kenia, se habría retirado antes de llegar a senior”.

Un junior con marcas brutales

Pero en 2005, su último año junior, Morishita levanta el pie del freno. Tras graduarse en la Sendai Ikue High School, Wanjiru ficha por el club Toyota Kyushu. Comienza a preparase en doble sesión, e incrementa el kilometraje. Su temporada en pista comienza de manera avasalladora: de aperitivo corre 5.000 metros en 13:12.40. Después hace 27:32.43 en 10.000 y, con el mayor deparpajo, le dice a una televisión local japonesa que no está cansado. Nueve días más tarde, en Shizuoka, demuestra que no es un farol, ya que finaliza las 25 vueltas a la pista en 27:08.00. Ahora sus cronos sí están a la altura de los mejores juniors y seniors del momento.

Su entrenador, un maestro del ten con ten, está preocupado con este ritmo de carreras, siente que el asunto se le está yendo de las manos, y le aparta de la competición durante dos meses.

Pasado ese plazo, el 10 de Julio, vuelve a dejarle correr. Le apunta en el medio maratón de Sendai y su discípulo gana con 59:43. Pero lo mejor está por llegar. El 26 de agosto bate en Bruselas el récord mundial junior de 10.000 metros con 26:41.75. Le superaron Kenenisa Bekele, que pulverizó a su vez la plusmarca mundial absoluta  (26:17.53) y el ugandés Boniface Kiprop, que le venció al sprint.

Récord mundial de medio maratón

El 11 de septiembre, es decir, cinco meses después de su primera gran victoria de la temporada, la forma sigue acompañando a Samuel, que se apodera del récord mundial de medio maratón: 59:16 en Rotterdam.

Su nombre comienza a sonar en los circuitos internacionales, y está en boca de los principales organizadores de carreras en ruta, aunque no se le tiene en cuenta para el futuro. “Se quemará pronto, en Japón entrenan burradas”, dicen que dijo algún promotor célebre del circuito. A pesar de todo, su temporada explosiva le otorga el Premio a la Promesa Keniana del Deporte, que no es un honor cualquiera en el país con la cantera de fondistas más profunda del universo conocido.

El año 2006, no obstante, es agridulce para él. En enero Haile Gebrselassie inicia su segunda juventud, y se convierte en Tempe (USA) en el primer hombre en bajar oficialmente de 59 minutos en los 21,097 kilómetros con 58:55 (Paul Tergat también lo logró en 1996 en Milán, pero hubo un error de medición que invalidó su gesta).

Wanjiru había perdido, pues, su plusmarca, y además protagoniza una temporada floja, debido a unas molestias en los gemelos y a un principio de malaria. No obstante, se clasifica tercero en el medio maratón de Lisboa con 59:37, por detrás de Martin Mel y de Robert Cheruiyot. Otra vez en los metros finales le faltó velocidad punta. Este hecho, sin duda, va a marcar el futuro de Samuel, que necesita imponer ritmos espeluznantes para ganar.

Su desquite llega en 2007. Pese a los agoreros, corre más deprisa que nunca. El 9 de febrero, en el éxotico medio maratón de Ras Al Khaimah, Wanjiru recupera el récord con 58:53 (pasa los 10 km en 27:47 y los 15 km en 41:29). Sin duda, uno de los involuntarios cooperantes de este registro fue el también keniano Patrick Makau, que probó la resistencia de Wanjiru con un colosal cambio de ritmo a mitad de la prueba (2:39 en ese mil), y finalmente se conformó con la segunda plaza (59:13). Makau, que posee una marca de 58:56, es hoy otra de las estrellas internacionales de la ruta.

No obstante, la carrera resultó un fiasco en términos oficiales: no había control antidopaje y el récord jamás llegó a homologarse.

Wanjiru Daily
Daily Mail

Otro récord mundial en La Haya

Es tradición que cuando Wanjiru dice que va sobrado, sea cierto. Tras su récord non nato en Ras Al Khaimah, declaró que tenía una marca mejor en las piernas, y se presentó el 27 de marzo en la localidad holandesa de La Haya para demostrarlo.

En un día fresco y sin humedad, pasó los 5 y 10 kilómetros en 13:40 y 27:27, respectivamente. Se oxigenó en el siguiente parcial de 5.000 (41:30), mantuvo el paso hasta los 20 kilómetros (55:31) y, con un tiempo de 3:02 para los últimos 1.097 metros, firmó un nuevo récord mundial de 58:33, a una media de 2:46 cada mil.

Fracaso en los Trials

Cuatro meses más tarde, el 28 de Julio, se disputan los trials kenianos para el Mundial de Osaka. Wanjiru se alista en los 10.000 metros, pero tras llegar al noveno kilómetro en cabeza, se agota y finaliza cuarto por detrás de otros dos compatriotas afincados en Japón, Josephat Muchuri Ndambuki y el citado Martin Irungu Mathathi. Tercero es Josephat Kiprono Menjo.

Fue un duro golpe para él. Aunque la Federación Keniana le inscribe en Osaka como suplente, renuncia para preparar la Media de Soulth Shields, el Mundial en ruta de Udine y debutar después en el maratón de Nueva York. El anuncio de estos planes provoca un roce con su entrenador, Koichi Morishita, que se entera por la prensa, y prefería resguardarle un poco más en pista. Para entonces el mánager Federico Rosa ya ha entrado en escena, y comienza a intervenir en las decisiones del atleta.

Tras varias idas y venidas, Wanjiru elige finalmente Fukuoka para su esperado estreno en los 42,195 kilómetros. Quedan poco más de dos meses para la carrera. Morishita, un austero samurai del asfalto, está convencido que el maratón es un mundo aparte y hay que recluirse para entrenarlo. La filosofía viene a ser ésta: si preparas maratón, no puedes pensar en otra cosa; si estás en forma y la malgastas corriendo medios maratones antes de afrontar tu verdadero objetivo, fracasas. No tienen nada que ver 21 con 42 kilómetros.

Samuel se compromete a obedecer a su entrenador, llegar en plenitud a Fukuoka y no perder ni una sola sesión. “Haré un par de competiciones en otoño e iré a Udine, pero mi rendimiento no será óptimo hasta diciembre”, se juramenta el keniano. “El maratón es su futuro y no admite distracciones. Hay que enfocar a Fukuoka porque sólo faltan nueve semanas”, zanja Morishita en una entrevista a Brett Larner en Japan Running News.

Lógicamente, sus registros pierden lustre. El 30 de septiembre, en el medio maratón entre Newcastle y Soulth Shields donde Wanjiru cobró, al parecer, una cantidad estratosférica por participar, adopta una actitud conservadora que aprovecha el infalible Martin Mel para rematarle en los últimos 800 metros (1h00.10 por 1h00.18).

Mucho peor aún es el comportamiento del africano en el Mundial en Ruta de Udine, que se anuncia plagado de estrellas: Tadesse, Makau, Merga, Dos Santos, Yuda…

Wanjiru, que sigue acumulando kilómetros lentos a las órdenes de su entrenador, aguanta en cabeza hasta la mitad. Después, con molestias en el estómago y las piernas muy pesadas, se limita a concluir en un puesto y una marca impropios de su categoría: quicuagésimo primero, con 1h03:51. El llamado síndrome Komen –en honor al plusmarquista mundial de 3.000 metros, prematuramente retirado– acude a la memoria del público. Hay quien le da, de nuevo, por oficialmente acabado. ¿No es irónico que se haya enterrado tantas veces a un hombre de 21 años?

Su primer maratón

Pero el supuesto difunto continúa entrenándose. Acumula dos sesiones largas de 40 kilómetros en progresión y una batería de 3 x 3.000 metros a 8:30 con recuperación al trote, que le dan la confianza necesaria para afrontar su debut en Fukuoka, que tiene lugar el 2 de diciembre. “Mi entrenador me ha dicho que sea paciente en los primeros 30 kilómetros –explica a los periodistas, con su habitual sinceridad– y que después ataque, igual que en los rodajes en progresión”.

Dicho y hecho. Con el tanzano Fabiano Joseph como liebre, transita por la media en 1h03:31, junto al peligroso etíope Deriba Merga y al japonés Atsushi Sato. La prueba decide la selección de maratón de Japón en los Juegos de Pekín, y es retransmitida en directo por la televisión nipona. A los 32 kilómetros, Wanjiru comienza a moverse con extraños cambios de ritmo que, sin embargo, no descuelgan a nadie: tan pronto hace quinientos metros rápidos, como se para. Lo mismo hay miles a 2:55 que a 3:11. Da la sensación de que está desgastándose inútilmente, como esos ciclistas que atacan en un puerto para lucir ante las cámaras pero, en realidad, no pueden escaparse. Del 36 al 37, sin embargo, aprieta un poco más y marca un parcial de 2:52 que descuelga al japonés. Entre el 40 y el 41, un último cambio (2:50) doblega la resistencia del etíope. Samuel se presenta vencedor con 2h06.39, nuevo récord de la prueba, y tercer mejor debut de la historia de los 42,195 kilómetros, tras el de Evans Rutto (2h05.50 en 2003) y Haile Gebreselassie (2h06.35 en 2002).

¿Y ahora, qué?

“Ahora, más”, ha dicho su entrenador. Su siguiente carrera podría el maratón de Londres, aunque no está confirmado, ya que Morishita no es partidario de que haga ningún otro maratón antes de Pekín, si finalmente –y como sugiere la lógica ilógica de los seleccionadores– es elegido para representar a Kenia en los Juegos de 2008.

Nada mejor que las palabras del propio Morishita para concluir: “Samuel tiene 21 años y ganas de competir. Pero todos en la vida libramos un debate entre lo fácil y lo correcto, entre lo fugaz y lo duradero. Para convertirse en un gran maratonista hay que ser cerebral, sereno, impasible. Ni siquiera me atrevo a decir la marca que Samuel, en mi opinión, está capacitado para hacer. Nada de euforia, nada de entusiasmo. Lo único que me importa es que aprenda y cuide su carrera para que sea larga y brillante. Si no gana en Pekín, puede que lo haga en los Juegos de Londres o incluso más tarde. Depende de él y de su capacidad para mantener su disciplina de entrenamiento, descanso y dosificación de competiciones. Tengamos calma. Todavía hay tiempo, mucho tiempo por delante. Si en su próximo maratón batiera el récord del mundo, le regañaría por anticiparse, créanme…”.  Le creemos.

Juan Manuel Botella  

Atletismo Español, enero de 2008

 

NOTA: En agosto de 2008, Wanjiru, que sí fue seleccionado por su país, se convertió en el primer keniano que se proclamaba campeón olímpico de maratón. Poco antes de este oro se marchó de Japón desentendiéndose de una importante deuda con Hacienda, y dejó de seguir los consejos de su entrenador, Koichi Morishita. Su vida se volvió poco a poco un desastre, aunque aún le dio tiempo a ganar en Londres (2h05:10 en 2009 marcando por los 5 kilómetros el paso más rápido de la historia, 14:08) y dos veces en Chicago (2009 y 2010) a pesar de que su entrenamiento ya no era idóneo. Tras su detención el 5 de enero de 2011, publiqué lo siguiente en mi Blog de Carnet Corredor (www.carnetcorredor.es):

“Es incómodo convertir la vida propia en un Gran Hermano, en cotilleo público. Incluso quienes lo hacen voluntariamente y cuentan sus chismes en televisión acaban lamentándolo por más dinero que les llueva: ya nadie recuerda dónde están los límites de su intimidad.

A Samuel Kamau Wanjiru, el joven campeón olímpico de maratón, el candidato más firme a batir el récord de Gebre (2h03.59) y, sin duda, uno de los mejores corredores en cualquier distancia larga, se le ha desnudado públicamente. Mejor dicho, sus supuestos actos le han desnudado. Cualquiera puede consultar en Google los líos de su vida.

El keniano fue arrestado y puesto en libertad con cargos la semana pasada por amenazar de muerte con un arma de fuego a su mujer –y madre de sus dos hijos–, Tereza Njeri, y por herir a un guardia de seguridad llamado William Manside. Él, por su parte, niega los hechos. A todo esto su foto, custodiado por un agente, ha corrido por internet como la pólvora, provocando especulaciones sobre una enajenación transitoria.

Wanjiru
The East African

Ahora se conocen más datos y parece que los tiros no van por la psiquiatría, sino por algo más simple: Samuel engañaba a su esposa. Bueno, vale, es su problema. No obstante la pareja, al parecer y para que no termine la fiesta, anda reconciliándose en público gracias a la mediación de su familia. “Llame a Tereza y compruébelo” dijo ayer Wanjiru lacónicamente a James Kariuki, un periodista del Daily Nation que contactó con él para conocer su versión de los hechos. Y el periodista la llamó a la residencia en Kenia de los Wanjiru y, en efecto, allí estaba Tereza en plan conciliador. Pero esta mañana, según una agencia africana, Tereza ha cambiado de idea y ha pedido el divorcio y el 50% de las ganancias totales del atleta, también en público, por supuesto.

Por otra parte, la policía sospecha que el arma supuestamente empleada en el altercado, una AK47, ha sido usada en otros delitos y adquirida ilegalmente por Wanjiru. De por medio, además, existe una caja fuerte registrada a nombre del maratonista de la que se han incautado las autoridades, que no se puede abrir porque Samuel dice que ha perdido las llaves y que, de acuerdo con otras fuentes, sería la clave última de este culebrón, celos aparte. ¿Algo más? Sí. Por añadidura, tenemos en danza una operación inmobiliaria de una empresa del propio atleta, Muthaiga Inmobiliaria, cuajada de denuncias de cabo a rabo. O sea, una trama digna de la más refinada operación policial en Marbella.

¿Saben? Ser una estrella del deporte significa serlo dentro y fuera de la competición. Es el peso de cobrar 200.000 euros de fijo por salir en cualquier maratón del mundo. Hoy ese carisma, que acompañaba en el pasado a campeones como Alberto Juantorena, Sebastian Coe o Emile Zatopek, y les convertía en ídolos de masas y ejemplo para los jóvenes, se ha perdido en alguna parte. Sinceramente, ya no sé qué atleta poner como ejemplo contemporáneo de integridad. No me acaba de gustar Usain Bolt y su rollo de superdotado que se va de fiesta y luego corre en bastante menos de diez segundos gastando bromas. No me gustan los megafondistas metidos a empresarios ni las grandes estrellas que visten de Armani en las galas anuales. Ahora los corredores se parecen demasiado a los futbolistas: van a un concesionario y piden el todoterreno más sensacional; se fotografían con él en un periódico; y luego dan positivo en un control antidopaje y se vuelven huraños, feroces, clandestinos. Todo es demasiado comercial, demasiado rápido, demasiado obvio. Los deportistas están tan ocupados en ser famosos, que no tienen tiempo de ordenar sus propias vidas. Y lo peor: estamos en la era de Gran Hermano. Un campeón ya no puede ni estornudar sin que nos enteremos.

En fin, Samuel, muchacho, me dirijo a ti retóricamente pero no temas, no quiero soltarte un rollo moralista. No soy quién, y jamás vas a leerme. Además, no voy a pedirte un imposible; ni siquiera los políticos experimentados saben reaccionar en peripecias iguales o peores que la tuya, ¿así que por qué lo habrías de hacer tú? En cualquier caso, si tuviera la suerte de hablar contigo te rogaría que, pase lo que pase, aparques la bilis. Di la verdad al juez, escucha a tu abogado, aléjate de las malas compañías, repara lo que hayas roto o rómpelo de una vez para empezar de cero, en fin, plantea tu vida como te dé la gana pero sin hacer daño a nadie. No permitas que las personas que te admiran en todo el mundo se acaben avergonzando de ti; no dejes que tu don para correr se chamusque en un sainete por entregas. Ésta es tu carrera más difícil y llegas a tiempo de ganarla: se lo debes a los que te rodean, al deporte y también te lo debes a ti mismo”.

Samuel murió cuatro meses más tarde, el 16 de mayo de 2011, con sólo 25 años, cuando cayó de la ventana de su propia casa al escapar de una habitación donde su mujer, Tereza, le había encerrado junto a su amante. ¿Puede concebirse una muerte accidental más estúpida?

Descanse en paz el gran Samuel Wanjiru.

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