El largo esplendor de Haile Gebreselassie

Haile-Gebrselassie-Dubai

Con su largo esplendor, Haile Gebreselassie (Arsi, Etiopía, 18 de abril de 1973), ha terminado con todas las milongas que rodean al atletismo. Ni dobles picos de forma, ni ciclos olímpicos, ni lesiones, ni edad, ni gaitas. Hace muchos oros y récords que Gebre traspasó la dimensión de las figuras inmortales. Diez años atrás, ya era tan grande que podía figurar en los libros de historia del deporte. Ahora, la gota que ha colmado el vaso de su leyenda ha sido el triunfo en el maratón de Dubai-2008, derribando por segunda vez en cuatro meses el muro de las 2h05:00. Ya son suyas, pues, las dos mejores marcas mundiales en los 42,195 kilómetros cuando se cumplen 17 años de su irrupción en la élite.

Este Al Oeter de largo aliento, de apenas 1,64 metros de estatura, no deja indiferente a nadie. Hasta su sucesor, el gran Kenenisa Bekele, es un restyling suyo aunque, salta a la vista, con menos ganas de sonreír.

Como en los cuentos de hadas del atletismo, el Pequeño Emperador ha pasado de ser el más fuerte en el tartán a dominar el asfalto. La enumeración de sus títulos y medallas sobrecoge: ha sido campeón del mundo júnior de 5.000 y 10.000 metros (Seúl–1992), dos veces campeón olímpico en 10.000 metros (Atlanta–1996 y Sydney–2000), cuatro veces campeón mundial de 10.000 metros (Stuttgart–1993, Gotemburgo–1995, Atenas–1997 y Sevilla–1999), se ha llevado cuatro oros en los Mundiales de pista cubierta (tres en 3.000 metros y una en 1.500), se ha proclamado campeón del mundo de media maratón en 2001, ha batido veinticuatro récords universales, y lo que te rondaré, morena.

Su versatilidad en tantas distancias apabulla, alucina, embelesa. Retrata a un ser humano nacido para correr. En un mundo donde reina la comodidad, donde lo difícil es seguir siendo uno mismo, él se ha consagrado como un deportista total, un ejemplo de voluntad y ambición. Se ha hecho tan superlativamente grande que en vez de ensombrecer a sus adversarios, les ha incorporado a la historia como ilustres perdedores. Que se lo cuenten, si no, a Paul Tergat.

Neftenga, el Jefe

Hijo de granjero y con nueve hermanos, a Haile empezó a conocérsele, desde muy niño, con el apelativo de ‘neftenga’ (el Jefe) por la superioridad mostrada en todos los asuntos que le atañían. Siendo adolescente, mandaba dentro y fuera de su hogar, organizaba negocios y haciendas, aconsejaba e influía.

El primer contacto de Haile con el atletismo se documenta en el maratón de Addis Abeba de 1989. Completó la distancia en 2 horas y 48 minutos con un entrenamiento ridículo, a partir de sus idas y venidas a la escuela, que abandonó más bien pronto. El doctor Yilma Berta, un técnico relacionado con el todopoderoso manager Jos Hermans, se fijó en él y le rescató antes de que se echara a perder en competiciones prematuramente largas. El jovencito le obedeció con una condición: “Quiero trabajar duro, quiero que la historia me recuerde”.

Inicio en el cross

Su irrupción en el panorama internacional no se produjo en pista, como hubiera cabido esperar de él, sino en cross, disciplina en la que nunca ha podido triunfar y es, quizá, su única asignatura pendiente. En el Campeonato del Mundo de Amberes (1991), siendo júnior de primer año, arañó la octava posición. Los organizadores, muy poco hábiles con el teclado, tergiversaron su nombre en las listas: le rebautizaron como G. Silashi Haile. Mal comienzo, si se quiere pasar a la historia. Probablemente para ellos, y para muchos aficionados, sólo era un etíope más en la insondable cantera africana.

haile gebre

En el siguiente Mundial Júnior de campo a través, disputado en Boston el 21 de marzo de 1992, Haile se clasifica segundo por detrás del keniano Ismail Kirui, hermano –aunque no compartan apellido– del malogrado Richard Chelimo. Tercero se ubicó Josephat Machuka, que mantuvo una rivalidad poco edificante con Gebre durante tres temporadas. En decimocuarta posición entró Hicham El Guerrouj.

Al final del verano, en los campeonatos del mundo junior de Seúl (1992), el Jefe comienza a recolectar su increíble cosecha de medallas sobre el sintético, y logra la victoria en los 5.000 y 10.000 metros. Allí su pugna con los kenianos se vuelve tragicómica. En la distancia superior, Josephat Machuka le propina una colleja y un empujón en pleno sprint. Machuka había intentado descolgarle con cambios de ritmo, volviéndose atrás una y otra vez para comprobar si ese etíope de zancada redonda, que hinchaba el pecho al correr, se quedaba. Pero no hubo forma, y de pura impotencia, le golpeó. La acción le descalificó automáticamente. Por su parte, a Gebre, a pesar de la colleja, no se le escapó la victoria ni se le borró la sonrisa: una sonrisa que le acompaña siempre, en la fortuna y en la adversidad, y es tan propia de él como la huella de sus pulgares.

 

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Primeras medallas como senior

Tras un invierno insatisfactorio (séptimo en el Mundial de Cross senior disputado en Amorebieta), Haile empezó en Sttutgart su colección de oros mundiales absolutos en pista. En los 10.000 metros doblegó a Moses Tanui, aunque con polémica, ya que al inicio de la última vuelta pisó involuntariamente la zapatilla del keniano, que no aceptó sus excusas.

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En los 5.000 metros tuvo que conformarse con la plata, batido por Ismail Kirui, quien celebró su triunfo sobre el etíope como si le hubiera tocado la lotería: al fin un keniano le ganaba sobre tartán. En esta carrera Haile perdió, probablemente, por un error táctico, ya que tanto él como sus compatriotas Fita Bayessa y Worku Bikila consintieron la fuga de Kirui y, cuando se tomaron en serio la caza, Ismail ya se había adelantado más de 30 metros, demasiado hueco para alcanzar a un atleta con gran velocidad de crucero, que además no era flor de un día, ya que repitió victoria dos años después en Gotemburgo.

Despistes aparte, el reinado de Haile en los 10.000 metros empieza a ser irrefutable, y se fundamenta en un entrenamiento muy aparatoso, diseñado por el doctor Wolde Meskel Kostre –entonces ya recorría diariamente, al menos, 25 kilómetros en la altitud de Addis Abeba– y en su particular estilo, apoyándose sobre la punta de los pies, algo más propio de un velocista que de un corredor de largo aliento.

Veranos de 1994 y 1995: la consagración

En 1994 firma su primer récord mundial, el de 5.000 metros con 12:56.96, rebajando la mítica marca de Said Aouita (12:58.39) y abriendo las puertas de par en par a la conquista de cronos impensables hasta entonces.

Pero es en 1995 cuando se produce su auténtica explosión; cuando pone tierra de por medio con el resto de fondistas, y se eleva a un nivel superior.

Por un lado, en Gotemburgo renueva su título de 10.000 metros. En semifinales se asistió a una extraña exhibición de Josephat Machuka, que quiso lucirse con un generoso 27:29, obtenido con 13 segundos de ventaja sobre el resto. Ese derroche le impidió comparecer en plenitud en la final disputada tres días después, el 8 de agosto. Haile, más inteligente, más calculador, gana la otra semifinal en 28:10, donde se ve que Khalid Skah, peligrosísimo al sprint, y el emergente Paul Tergat van a ser dos enemigos de cuidado. Y, en efecto, al llegar la hora de las medallas, ambos oponen resistencia hasta el último doscientos, que Gebre remata en 25 segundos justos. Resultado, 27:12.95, nuevo récord de los campeonatos. “¡Parece Mirus Yifter!”, exclaman los periodistas más veteranos, ávidos de hallar semejanzas con el legendario campeón olímpico de Moscú-1980. Por su parte, Skah y Tergat entran segundo y tercero, respectivamente, a quince metros de distancia. Machuka fue quinto en una de las últimas actuaciones internacionales que se le recuerda.

Por añadidura, a lo largo de 1995, Haile bate un par de récords del mundo, el de 10.000 (26:43.53) y el de 5.000 metros, que supera en solitario por casi 11 segundos en la pista mágica de Zurich, parando el reloj en 12:44.39. Desde tiempos de Henry Rono, ningún atleta los había poseído simultáneamente. Con posterioridad, Bekele los ha compaginado también.

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Oro olímpico y rivalidad con Komen y Tergat

El año 1996 deja un sabor agridulce en Gebreselassie. En el lado positivo está su victoria en los Juegos Olímpicos de Atlanta, donde supera a Paul Tergat y Salah Hissou, y lo hace además produciendo un nuevo récord olímpico de 27:07.34. En el lado negativo, se clasifica en quinto lugar en los Mundiales de Cross disputados en Ciudad de Cabo (ganó Tergat, casi infalible en esta disciplina). Será su última aventura oficial de campo a través. Además, en agosto, sufre una impresionante derrota en Zurich ante Daniel Komen en los 5.000 metros; aunque perder con Daniel Komen en el trienio 1996–1998 no era motivo de vergüenza, ni mucho menos.

En febrero de 1997, Haile se convirtió en el primer atleta que corría los 5.000 metros en pista cubierta por debajo de 13 minutos (12:59.40). Un mes después, logró la medalla de oro de 3.000 metros en los Campeonatos del Mundo Indoor; deslizándose sobre el peraltado anillo del complejo París–Bercy, aventajó en 30 insultantes metros al keniano Paul Bitok (7:34.71 por 7:38.84).

En julio, superó nuevamente el récord de 10.000 metros –que le había quitado en 1996 el marroquí Hissou– y lo dejó en 26:31.32.

Semanas más tarde, en una noche húmeda y calurosa, se proclamó otra vez campeón del mundo ante Paul Tergat y Salah Hissou, además con un registro interesante, dada la climatología de Atenas, de 27:24.58. Fue una prueba sin historia, en la que el Jefe aplicó, como siempre, el rodillo de su sprint.

Choque de trenes en Zurich

Pero el 13 de agosto, en Zurich, Haile gana algo más que una carrera: vence en una batalla estratosférica, los 5.000 metros de mayor calidad y densidad que se habían visto nunca. Los organizadores tiran la casa por la ventana y no sólo le contratan a él, sino a Komen, Tergat, Hissou y media docena más de aristócratas del fondo mundial. Es una lucha épica. Tras un paso tibio por los 2.000 metros (5:07) Komen, anárquico, genial, decide prescindir de las liebres, se marca una vuelta en 59 segundos, y transita por los 3 kilómetros en 7:38, con Gebre pegado atrás, y Tergat haciendo la goma. Las posiciones se mantienen hasta que, a falta de 250 metros, el pequeño etíope arranca como una fiera, enrabietado por su derrota del año anterior, y llega primero con nuevo récord del mundo: 12:41.86. Ha cubierto los últimos 400 metros en 55.07. La prueba arroja unos resultados excepcionales, ya que Komen, malhumorado y dejándose llevar, hace 12:44.90, mientras que obtienen récords personales Paul Tergat (12:49.87), Khalid Boulami (12:53.41), Dieter Baumann (12:54.70) y Paul Koech (12:56.29).

Komen, en estado de gracia, se resarce del fracaso en Zurich nueve días después, y en un más difícil todavía, detiene el crono en 12:39.74 durante la reunión de Bruselas. Aquellas plusmarcas alternativas, al más puro estilo Coe–Ovett en los ochenta, supusieron un zarpazo gigantesco a los límites de la resistencia humana. En los últimos diez años, sólo Bekele ha estado a ese nivel.

Llega 1998, el año de los récords

A lo largo de 1998, Gebre recupera la supremacía, mientras que la estrella de Komen –junto con Tergat, su rival más cualificado de esta nueva época–, se apaga lentamente.

De aperitivo, el Jefe corre en invierno los 1.500 en 3:31.76. Además, se apodera del récord de 3.000 metros en pista cubierta y, ya en junio, de los 5.000 y 10.000 metros al aire libre. Son plusmarcas de una calidad sublime. Tanto es así que, camino de su récord de 5.000 metros en Helsinki, se evidencia que el problema son los pacemakers. Trece de junio de 1998. Apenas han transcurrido cuatro vueltas cuando Gebre, disconforme con el ritmo de Assefa Mezgebu (un hombre acreditado en 12:53 ese mismo año), le adelanta. Mezgebu, ansioso por cumplir su trabajo que era llevarle a los 3 kilómetros en 7:35, intenta aguantar otro giro, pero abandona exhausto. Para tirar a 7:35 hay que valer 7:28/7:29, y eso no está al alcance de casi nadie en este planeta. Gebre, por su lado, recupera el récord mundial de 5.000 por los pelos (12:39.36) corriendo solo desde mitad de la prueba. Trece días antes había rebajado su propio tope en los 10.000 hasta 26:22.75. Ambos registros quedarán como sus dos mejores prestaciones de siempre.

Esa temporada, además, marcó un sobresaliente 7:25.09 en los 3.000 metros del Memorial Ivo Van Damme, y obtuvo la victoria en las seis pruebas de la Golden League, así como en la final del Grand Prix. Todo ello le valdrá para ser elegido Atleta del Año y recibir el premio internacional Jesse Owens.

En 1999, el Jefe dio lustre a su hegemonía. Venció en quince carreras consecutivas, en distancias que van desde los 1.500 hasta los 10.000; consiguió la victoria en los 1.500 y 3.000 metros en los Mundiales indoor de Maebashi; y se impuso por cuarta vez consecutiva en los 10.000 metros de los Campeonatos del Mundo, que se celebraban en Sevilla. En esta última prueba se pasó el ecuador en 14:17 y Haile resolvió, previo tirón de Antonio Pinto, con un último mil en 2:25. Segundo fue el incombustible Paul Tergat.

De nuevo oro olímpico, pese a los tendones

Justo aquí, a principios de 2000, Gebre comienza a ser acosado por el dolor en los tendones de Aquiles, y pierde muchas sesiones de entrenamiento. Pero el destino es caprichudo y, paradójicamente, corto de kilometraje y competición, escenifica su triunfo más hermoso en los Juegos Olímpicos de Sydney.

Es una noche fresca de septiembre en la metrópoli austral. Haile se ha clasificado fácilmente en la ronda previa (gana con 27:50), pero Paul Tergat, segundo con 27:44 en la otra semifinal, transmite unas sensaciones prodigiosas. Como en los 1.500 metros –donde Hicham El Guerrouj es derrotado–, se ha abierto la veda de los favoritos. En la final actúa como liebre involuntaria el burundés Aloys Nizigama, que obsequia al respetable con un primer mil en 2:39, y a partir del tercer kilómetro se alterna con el keniano Patrick Ybuti para que no decaiga el ritmo. La mitad se pasa en 13:45 entre escaramuzas de secundarios, mientras Tergat y Gebreselassie permanecen escondidos en el grupo, puedo pero no quiero, resguardándose para el suspiro final.

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El tercer keniano, John Cheruiyot Morir, arranca en el kilómetro postrero, pero afloja inexplicamente unos segundos después, como si fuera un fartlek, facilitando que lleguen hasta seis corredores en cabeza al último cuatrocientos.

Tergat ataca en la contrarrecta con una fuerza que parece definitiva, dejando atrás a todos. Se diría que, tras un sinfín de derrotas en pista, va a tomarse la revancha. Gebre le persigue sin éxito por toda la curva y flaquea, pero en los últimos treinta metros, en un esfuerzo desesperado, se iguala a su adversario. La carrera sigue sin dueño. ¿Ganará Kenia, ganará Etiopía? Tergat cabecea, aprieta los dientes, retuerce las facciones, ya no da más de sí, y se echa literalmente contra la línea de meta. Pero Haile ha conservado su zancada imperial, y vence (27:18.20 por 27:18.29). Nunca el pentacampeón del mundo de cross ha estado en una final tan cerca del Jefe, que tiene que emplearse a fondo: 39 segundos justos en los últimos 300 metros.

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A su vuelta, Gebre es recibido en Etiopía con honores depríncipe, y las autoridades rebautizan una gran avenida de Addis Abeba con su nombre. Desde tiempos de Abebe Bikila, este país africano, tan habituado al triunfo de sus corredores de largo aliento, no había vivido una locura colectiva como aquélla.

La derrota de Edmonton

La responsabilidad adquirida con su país, probablemente, le hizo cometer errores la siguiente temporada. No pudo superar su lesión, y acabó en el quirófano. Otra vez huérfano de kilómetros, y sin una triste competición en las piernas, trata de repetir la gesta de Sydney en los Mundiales de Edmonton. Es una carrera a tirones, con protagonismo de los españoles Fabián Roncero y José Ríos, que ralentiza el equipo etíope comandado por Assefa Mezgebu y Yibeltal Admassu queriendo fiarlo todo al sprint de su líder. Las medallas se resuelven una vez más en los últimos doscientos metros, cuando Gebre cambia, pero sin la fuerza de antaño. Además, encuentra la horma de su zapato en Charles Kamathi quien, con una enorme facilidad, se pone primero a falta de 120 metros, y ya no permitirá que le adelanten. Gebre se bloquea e incluso es superado por su compatriota Mezgebu, antigua liebre suya, que por un instante parece que pidiera permiso para llevarse la plata. No es un día feliz aunque Gebre, bronce, sonría. Desde 1994 no había perdido ninguna carrera de 10.000 metros.

Kamathi, que inmediatamente visitó al dentista (le faltaba la mitad de los dientes y al fin podía pagar los implantes), había logrado lo que Paul Tergat, ya instalado en el maratón, siempre quiso sin éxito.

Transición al asfalto

Herido, disgustado, con ganas de reivindicarse a sí mismo, Haile se planta el 7 de octubre en los Mundiales de Medio Maratón de Bristol, donde vence con 1.00:03 sin dar la sensación de emplearse al máximo. En el camino doblega, entre otros, al corajudo y fino John Yuda, que tiró la mayor parte de la prueba. En sus declaraciones posteriores, Gebre despeja su futuro, provocando el delirio de los fans: “Voy a dedicarme al maratón. Abandono la pista para siempre”.

Pero la transición resulta lenta; y son tan grandes las expectativas de Haile que el año 2002, en el que se agencia el récord mundial de 10 kilómetros en ruta (27:02 en Doha), y señala el mejor debut en la historia del maratón hasta entonces, se considera uno de sus peores ejercicios.

Ese bautizo en la distancia de Filípides, que tiene lugar en Londres, era largamente esperado. Aunque Paul Tergat ha defraudado un año antes (2h08:15), hay analistas que consideran a Gebre capaz de hacer menos de 2 horas y 4 minutos. Otros entendidos, en cambio, aseguran que la técnica de carrera del tetracampeón mundial, con las rodillas demasiado altas, supone un gasto de energía muy poco apropiado para resistir 42 kilómetros.

Sea como fuere, toma la salida en la capital del Imperio, y a los 30 kilómetros, como si un guionista hubiera intervenido en el desarrollo de la carrera, se alcanza el clímax, ya que se fugan el plusmarquista mundial, Khalid Kannouchi, el propio Haile, y su archirival Paul Tergat. Además, los tiempos de paso anuncian la posibilidad de un nuevo récord del mundo, que por entonces estaba fijado en 2h05:42.

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Van pasando los minutos, y a Gebre se le ve suelto, agazapado, listo para batir a sus dos acompañantes cuando le plazca. Pero el Kannouchi de aquellos días era duro como una roca y Haile, de repente, se rezaga: se le ha acabado la gasolina cuando quedan tres kilómetros. Tergat mira incrédulo atrás y aguanta apenas dos minutos antes de renunciar a la irresistible marcha del entonces marroquí, hoy norteamericano, que supera su propio tope mundial (2h05:38). Por su parte, Tergat bate por primera vez en asfalto a Gebrselassie bajando también de 2h06 y lo festeja, entre abrazos y sonrisas, como una victoria poética sobre su eterno contrincante. Gebre, tercero, logra 2h06:35.

De vuelta a la pista

Haile, quien sonrisas al margen esperaba probablemente una victoria sencilla en Londres o al menos no esperaba una derrota, se arrepintió de su mudanza al maratón y retornó a la pista en los Campeonatos del Mundo de París-2003. Allí fue segundo tras Kenenisa Bekele, que hizo unos terroríficos 12:57 en los segundos cinco kilómetros (tras un paso en 13:52 por los primeros). O sea, lo nunca visto. Gebre se mostró en muy buena forma en la capital de Francia, y días después anduvo cerca de rebajar su propio récord de 10.000 metros (registra 26:29.22, acosado hasta la meta por el hoy catarí Nicholas Kemboi).

Ante estos resultados, los técnicos y los aficionados dudan y, lo que es peor, contagian sus dudas al artista. ¿Aún tiene cuerda en los 10.000? ¿Se descarta su romance con el maratón?

Todo lo contrario. En verano de 2004, Haile firma su definitivo divorcio con el tartán. Y eso que empieza bien, bajando en Hengelo de 27 minutos (26:41.58), aunque batido por Sileshi Sihine. Cualquier mortal diría que ese debut en la temporada es soberbio. Pero Gebre no se siente fino. Renquea durante dos meses, aquejado de sus dolores en el tendón, hasta el extremo de que en el Crystal Palace de Londres, poco antes de los Juegos de Atenas, tiene que exprimirse al máximo para batir por un exiguo margen de 25 centésimas al poderoso australiano Craig Mottram (12:55.51 por 12:55.76).

Además, Bekele le arrebata sus dos récords más queridos, el de 5.000 y el de 10.000 metros.

Así las cosas, la final de esta última distancia en los Juegos Olímpicos de Atenas es una ceremonia de entronización de Bekele –por si quedaba alguna duda– y un amargo adiós de Gebreselassie que, ahora sí, se despide del sintético.

La carrera discurre con tranquilidad hasta mitad de la prueba, en que los tres etíopes –Haile, Bekele y Sihine– aceleran con relevos de 61/62 segundos por vuelta, llevándose tras de sí al joven ugandés Boniface Kiprop, y al entonces desconocido eritreo Zersenay Tadesse. A la altura del séptimo kilómetro se produce una de las imágenes más emocionantes de los Juegos: Gebre empieza a quedarse, y Bekele y Sihine le esperan. Su ídolo no puede, no debe caer así. Pero la cortesía es peligrosa en una final olímpica: se están aprovechando los demás rivales para meterse en cabeza. Sihine y sobre todo Bekele no tienen otra que acelerar, dejando atrás al Haile más crispado que jamás se ha visto en competición. A su llegada en quinto lugar, el Jefe recibe el reconocimiento de sus compatriotas, aparentemente más preocupados de honrarle que de celebrar las medallas. La vuelta de honor semeja así el homenaje a un torero saliente, a una vieja gloria que no volverá más.

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La resurrección de Gebre

Pero nanay del adiós. Tras el trance, Gebre se levantó y volvió a ser enorme. Cierto que tuvo que volar de nuevo a Finlandia para operarse, esta vez del tendón de Aquiles de su pierna izquierda. Sin embargo, se recuperó muy rápido. Entre enero y febrero de 2005, se adjudicó los medios maratones de Almería y Granollers con marcas moderadas para él de 1.01:46 y 1:01:33, respectivamente.

Y comienza a tomarle gusto al asfalto, con varias victorias en carreras de 10 a 15 kilómetros, y un esperanzador triunfo en el maratón de Amsterdam (2h06:20), seguido del récord del mundo de 20 kilómetros (55:48) y de medio maratón (58:55) en Tempe el 15 de enero de 2006, así como de la plusmarca de los 25 kilómetros (1h11:37) el 12 de marzo en Alphen aan den Rijn. Gebre se está apoderando de las mejores marcas mundiales en todas las distancias en ruta, y parece que en Londres–2006 puede por fin alcanzar la más valiosa, la de maratón.

Sin embargo, sus fuerzas se han reducido con tantas competiciones. En una mañana para olvidar, tras un paso perfecto por debajo de 63 minutos por los 21,097 kilómetros, el keniano Félix Limo tira sin piedad y Gebre sufre hasta que, a falta de cinco kilómetros, se descuelga. Concluye la prueba al trote, en novena posición, con 2h09.03, mientras que la victoria se la juegan Martin Lel y el propio Limo, con victoria para éste último (2h06:39).

Escarmentado, Haile dosifica sus siguientes apariciones: gana primero en Berlín–2006 (2h05:56) y, tres meses más tarde, en Fukuoka (2h06:52).

A las veinte semanas, se retira en Londres–2007, pero en verano reaparece en pista otra vez sonriente “y sólo como preparación para correr de nuevo en Berlín”. Hace dos únicas pruebas: en Hengelo baja de 27 minutos en 10.000 metros y, como broche a la campaña estival, bate en Ostrava, al alimón, los récords de 20.000 metros en pista (56:26) y de una hora (21.285 metros), especialidad ésta última en que su propio manager, Jos Hermans, fue recordman mundial entre 1976 y 1991.

A Haile se le ve suelto, sin agobios, sin dolor. Escoge sus apariciones con microscopio. Su forma de correr es más sólida que nunca, es un estilo que ha echado raíces. De nuevo manda en competición con todos sus galones, y los años dan relieve y profundidad a su jefatura.

Cae el récord de maratón

Como había prometido, Gebre se alista en el maratón de Berlín, programado para el 30 de septiembre de 2007. Se hospeda en el hotel oficial de la prueba, un Holiday Inn cerca de la salida, en una habitación espartana sin cuadros, decoración, ni lujos.

Amanece un día frío y sin humedad. No sopla una brizna de aire en la capital germana; la plusmarca se presiente.

En el desayuno, a las seis de la mañana, se ve feliz a Gebreselassie. Un equipo de la CNN elabora un reportaje titulado Reveal, y sigue sus pasos. No era la primera vez que le seguían las cámaras: años atrás protagonizó la película “Endurance” de la factoría Disney, que está basada en su vida.

Los parciales fueron magníficos: 14:39 (5 km), 29:24 (10 km) y 1h02:29 (21,097 km). Haile, acompañado por una nube de liebres hasta el kilómetro 30 (1h28:54), no desfalleció en ningún momento, y exhibió por el recorrido su zancada alegre de las grandes ocasiones. Se presentó en la Puerta de Brandenburgo, entero y arrollador, con el que es, quizá, su récord más dulce (2h04:26).

El director de carrera, Marc Milde, se emocionó en un rincón de meta, consciente de que había presenciado un hito. Fue uno de los momentos cardinales de la historia de los 42,195 kilómetros. Un récord de Haile siempre es más que un simple récord.

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Ritmo suicida en Dubai

Después de batir la plusmarca, el etíope declaró que se veía capacitado para correr en 2 horas y 3 minutos.

Lo que nadie esperaba es que lo intentase sólo cuatro meses después en Dubai. ¿Por qué? Tal vez porque hay trenes que no pasan dos veces. Medio millón de dólares de fijo, más la promesa de otro medio millón si lo batía, y de 200.000 suplementarios por la victoria, acabaron de convencerle. Para este reto contó con tres liebres que, en cualquier otra circunstancia, hubieran recibido tratamiento de príncipes aunque aquí parecieran mendigos ante el Pequeño Emperador: Fabiano Joseph (campeón del mundo de medio maratón y acreditado en 59:56), Abel Kirui (2h06:51 en maratón) y Rodgers Rop (2h07:32 y vencedor en Boston).

El ritmo inicial suicida (los 10 kilómetros en 28:39 y la mitad en 1h01.27) alejó a Haile del récord, aunque el etíope señaló la segunda mejor marca mundial de todos los tiempos (2h04:53), lo que pone los pelos de punta, y demuestra una formidable capacidad de recuperación a los 34 años.

Pero su carrera no acaba aquí, ni mucho menos. Estamos asistiendo a la segunda juventud del Pequeño Emperador. Por lo pronto, Jos Hermens insinúa que no saldrá en los Juegos de Pekín porque hay contaminación; que tal vez sí sea de la partida, nada menos, que en Londres 2012. Bueno, que haga lo que quiera. A estas alturas, el multicampeón mundial ya no necesita dar explicaciones a nadie. Hace inútiles las palabras, miniaturiza las excusas. De niño confesó que corría para entrar en la historia, y eso lo tiene garantizado. Pase lo que pase, puede estar tranquilo; ya es un hecho que este mundo loco que ensalza y olvida, recordará por siempre a Haile Gebreselassie.

Juan Manuel Botella  

Atletismo Español, Marzo de 2008

 

NOTA: con posterioridad a este artículo, en marzo de 2008, Gebreselassie batió su último récord del mundo absoluto al correr el maratón de Berlín en 2h03:59. Siguió compitiendo, aunque ya con resultados poco a poco más discretos, hasta su retirada oficial en mayo de 2015. En la actualidad es presidente de la Federación de Atletismo de Etiopía, y embajador de la IAAF. Nunca ha dejado de sonreír.

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