Invisible pero auténtico: la historia de José Antonio Redolat

redo

José Antonio Redolat (17.02.1976), es un corredor genial e invisible que podría ser recordman nacional de 1.500 metros en 190 países del mundo pero jamás –por sus lesiones, porque no se promociona como otros– ha gozado del reconocimiento que merece. Un atleta que no ha cambiado desde sus tiempos en el Club de Atletismo Campanar; un tipo que siempre está ahí, que asombra en las pistas, pero pasa inadvertido porque calienta, corre, gana, recoge sus cosas y se va.

Y eso, que se trata de un pata negra en el kilómetro y medio. Admirablemente versátil, además. Muy pocos como él son capaces de moverse cómodamente entre los 800 y los 5.000 metros. El valenciano –igual que Juan Carlos Higuero–, sí. Por sus marcas (1:45.39 en 800; 3:31.21 en 1.500; 3:49.60 en la milla; 7:46.0 en 3.000; 13:23.14 en 5.000) se ha convertido en una especie de Alan Webb a la española, tal vez con peores cronos, pero con un historial mucho más coherente que el norteamericano. Y a diferencia del yanqui, bastante gris en los últimos meses, José Antonio aún progresa: esta temporada ha arañado diez segundos a su mejor prestación en cinco kilómetros.

Tapado por Reyes Estévez

Iniciado en el Club de Atletismo Campanar, Redo fue un grandísimo junior tapado por Reyes Estévez. Superó con sobresaliente esa tierra de nadie que supone la categoría promesa. Se destapó en la temporada indoor de 1998, con victoria en el campeonato de España absoluto y un octavo puesto en los Europeos de Valencia, disputados en el Velódromo Luis Puig de Paterna; allí marcó 3:39.56, la semifinal más rápida disputada en los continentales de pista cubierta.

Desde entonces, el valenciano ha pasado por un sinfín de competiciones que le sitúan entre los mejores españoles y europeos; pero siempre sin hacer ruido, rehuyendo la condición de protagonista. Sin duda es el atleta valenciano con mayor talento natural de la historia para las pruebas de mediofondo y fondo, por encima incluso de Domingo Ramón, Antonio Campos y Andrés Vera, que ya es decir. Pero, seguramente, también es el hombre que más honores ha dejado marchar. Sólo un cóctel de mala suerte y desafortunada selección de objetivos le ha impedido ser medallista europeo, y acaso mundial u olímpico en los 1.500 metros.

El oro europeo indoor de Gante–2000, batiendo a Medhi Baala en un último 300 en 39 segundos y con tiempo para levantar los brazos, o sus netas victorias en la Copa de Europa de Naciones, siempre en el kilómetro y medio, son un botín escaso para tanta calidad. Sin embargo, hasta los miopes reconocen en él a un corredor entre un millón, a un hombre elegido para correr, perfectamente capaz de hacer registros de categoría mundial hasta en los entrenamientos, asistido por un grupo de compañeros que se turnan para resistir su velocidad en las series.

La falta de suerte

Bien es cierto que Redolat no ha tenido lo que en el Islam se denomina baraka: bendición, suerte. Sus mejores años han coincidido con la pujanza en España de Reyes Estévez, Andrés Díaz y Juan Carlos Higuero –a los tres les ha vencido, pese a todo–, y a nivel internacional con Hicham El Guerrouj, Bernard Lagat, Noah Ngeny, Mehdi Baala, Rui Silva y media docena más de kenianos acreditados en 3:30 ó menos. A excepción del marroquí, a todos ellos les ha batido también en alguna ocasión, aunque no lo parezca.

Tampoco la planificación y la naturaleza han favorecido a Redo. Nunca ha digerido bien las tres carreras de un gran campeonato; a lo sumo ha sido atleta de semifinal y final. Otro gallo le hubiera cantado si los títulos se dirimieran a cara o cruz en una sola prueba, sin preliminares.

Con todo y con eso, y aunque hablar a toro pasado sea fácil, con un calendario menos agresivo en el año 2000 (en marzo, el citado oro en Gante; en junio, 3:31.48 en 1.500 metros; en julio, 1:45.39 en una carrera cuyo ecuador pasó en 52.5 y en la que no batió el récord de España de 800 metros porque Dios no quiso, remontando a Jean–Patrick Nduwimana, que meses después marcó 1:42.92…); con menos desgaste, digo, los Juegos de Sydney tenían que haber sido sus juegos, con El Guerrouj ligeramente pasado de rosca, ofreciéndole su mano en la llegada de una serie que sirvió de imagen icónica del evento, y un Baala que fue cuarto y al que Redo se había hartado de batir de enero a julio.

redo2

Monumental victoria en Estocolmo

El año 2001 también fue magnífico. Merece la pena rememorar, por desconocida, su victoria en el mitin de Estocolmo (3:31.19): competía con Bernard Lagat, Reyes Estevez, Andrés Díaz, Paul Bitok y Vyacheslav Shabunin (que aún da guerra, ya en 2008 ha marcado el mejor registro mundial de la temporada en 1.500 metros en categoría de veteranos con 3:37.99). Ejercieron las labores de liebre el keniano Fred Onyancha y el canadiense Graham Hood en una de estas tardes nórdicas soleadas, de temperatura agradable y sin humedad. Los 1.000 metros se pasan en 2:21, con Redo siempre detrás de Andrés Díaz, y éste tras los africanos. A falta de poco de 300 metros (2:49), se aparta la última liebre y el valenciano ataca al más puro estilo Steve Cram en la contrarrecta, llevándose detrás a Lagat, que aprieta los dientes como bruxómano, le acosa en la curva, pero será incapaz de remontarle.

Esos ataques lejanos, en la recta contraria, son el mejor síntoma de que Redo está en forma: siempre que cambia de ritmo a distancia, es imbatible. Sólo ha obtenido una gran victoria lanzándose en la recta final: fue precisamente en el campeonato de España de Valencia (2001), en su tierra, cuando no pudo esprintar antes porque Reyes Estévez le contuvo con los codos, y arrancó a 80 metros, desatando la ovación de toda la grada del Estadio del Tramo III del Turia. Es, por ahora, su único título absoluto al aire libre.

Días más tarde, en agosto, Redo logró la sexta posición en los Mundiales de Edmonton (3:34.29), en una de las finales de 1.500 metros con más nivel de la historia, por detrás de El Guerrouj, Lagat, Maazouzi, Chirchir y Estévez, y por delante de Rui Silva. Un vez más, sus dificultades de recuperación de una prueba a otra le mermaron en la pugna por el podio. Y es que no hay nada más importante para un mediofondista que recuperarse de un día para otro en las grandes citas.

Tiempo de lesiones

A partir de Edmonton, Redolat no ha sido finalista en ningún gran campeonato al aire libre. Ha perdido podios que podía haber peleado (Munich, quizá París y Atenas…) y muchos récords de España que llevaba en las piernas (menos el de la milla y el de 1.500, prohibitivos, todos los demás, 800, 1.000 y 2.000 metros, eran asequibles para él hasta 2001). Se ha pasado más tiempo lesionado que en forma. No es que ayuden mucho las superficies en las que se entrena, la verdad. Pero su colección de roturas fibrilares y tendinitis ha abortado temporadas completas. Cierto que cualquier atleta puede quejarse de dolores inoportunos, pero lo de Redolat ha sido frustrante. Hace más series en dirección a Meliana, donde se recupera con su masajista de toda la vida, Salvador Juana, que en el tartán.

Posiblemente, uno de los errores más importantes de la carrera de José Antonio Redolat ha sido no saber decir que no. Preparar la campaña indoor en 2002, tras el palizón de Edmonton, no le aportó nada. Quizá sin esa veleidad, en agosto, habría estado muy arriba en los Europeos de Munich, en aquel 1.500 que el francés Mehdi Baala acabó ganando a Reyes Estévez por milésimas, y en la que Redo y su tendinitis fueron undécimos con una marca impropia de su nivel (3:48.28).

Desde entonces, y hasta junio de 2008, se le había visto disminuido.

El eterno plusmarquista valenciano de 1.500 metros sólo dejó destellos de su clase en 2003 y 2004: un 3:36.24 indoor en 2003; una sexta posición en los 1.500 metros en los Mundiales de pista cubierta de Budapest; un 7:46.0 en la pista de Burjassot tirando él solito los últimos 1.600 metros con el aliento de Bouabdellah Tahri en la nuca; alguna semifinal esperanzadora en los campeonatos de España…

redo4

En 2007 volvió a ponerse en forma: hizo 7:48.71 en una prueba provincial; a nadie le sorprendió la marca, ni las condiciones raquíticas en que la obtuvo, un control sin público y doblando a todos sus rivales. En realidad, Redolat corre maravillosamente los tres mil cuando es él quien lleva el mando de la prueba, y da la sensación de que, si se lo propusiera, tiene margen para bajar de 7:40.

El problema radica en que esa prestación fue un arma de doble filo. Renació la esperanza para los Europeos de Birmingham, y dudó sobre qué prueba disputar, 1.500 ó 3.000 metros. Le atosigaron con profecías técnicas (“si corres el 3.000, con tu velocidad final…”); y cantos de sirena (“este año no hay nivel en el milqui, aprovecha…”). En Birmingham, finalmente, se retiró en semifinales de la distancia superior.

La recuperación de 2007

En verano de 2007, Redo y su entrenador de siempre, Andrés Mayordomo, se reinventaron a sí mismos. Probaron suerte en los 5.000 metros. La decisión era arriesgada, porque el valenciano tiene mecha para correr en 3:34 y codearse con los mejores en cualquier parte, mientras en los cinco kilómetros hay que valer menos de 13:10 para engancharse a los grandes mítines. Además, sólo tenía una referencia lejana en el tiempo, un 13:48.34 (1998) en solitario. Así las cosas, en Gavá bajó hasta 13:33.77, por detrás de Juan Carlos Higuero. Sin ser nada extraordinario, se percibía un avance alentador.

Y en éstas llegó el verano de 2008, y dos carreras andaluzas que le han devuelto al primer plano: 3:35.04 en Jerez, ya alejado de las series cortas de otras temporadas y, sobre todo, 13:23.14 en Huelva. Parecía imposible que, tras un invierno plagado de lesiones, prácticamente el único en que ha estado desaparecido, resurgiera. Pero había retornado el Redo de los grandes momentos. Posteriormente, unas molestias gástricas, unidas al buen estado de forma de sus rivales, le empequeñecieron en el campeonato de España de Tenerife, donde perdió sus opciones olímpicas en los 1.500 metros, así como en los 5.000 (no alcanzó la mínima).

Pero lo importante es que Redolat vuelve. Con su resurrección de este verano, ha batido un récord de longevidad: doce temporadas en lo más alto desde aquel Europeo de Valencia, en 1998, ampliables a quince, si contamos su subcampeonato de Europa Junior de Nyiregyhaza.

Redolat sigue siendo a los 32 años tan irrepetible como desconocido. En la capital del Turia todavía no se han escrito adjetivos bastante grandes para significar esa combinación de calidad, rapidez y resistencia que habita en sus piernas. Quizá se le añore cuando se retire. Y se recuerde entonces, igual que en los cuentos, que hubo una vez un hombre capaz de correr 2.000 metros por debajo de 5 minutos en entrenamientos, o de echarse al cuerpo un sinfín de miles a 2:45 y luego poner rumbo a su falla en Benicalap. Un corredor genial que obtiene triunfos en el último giro, pero después, atleta voluntariamente invisible, nunca sabe ni quiere dar la vuelta de honor.

Juan Manuel Botella

Atletismo Español, noviembre de 2008

 

NOTA: Redolat nunca logró recuperar la forma tras 2008, pero tras su retirada se volvió, curiosamente, más visible que nunca. La vida es así de caprichosa y, tarde o temprano, las cosas se ponen en su sitio. Tras una sucesión de lesiones, José no remontaba el vuelo. Parecía que el mundo se le venía encima, que cuando tenía que tomar la decisión profesional más importante, no encontraba el rumbo. Sin embargo, el Valencia Club de Atletismo de Rafael Blanquer le echó una mano; y, en paralelo y por sus propios medios, junto a unos pocos compañeros y amigos, se sacó de la manga su propio equipo, el Redolat Team. Allí ha fraguado una exitosa carrera como entrenador que está llevando al éxito individual a cientos y cientos de corredores populares. En 2012, la Generalitat le concedió el Premio Jaume I al Mérito Deportivo. Actualmente es vicepresidente de la Federación de Atletismo de la Comunidad Valenciana, y uno de los activos más importantes del deporte en su ciudad natal. Mi admiración y afecto a José Antonio, ante todo una buena persona.

redo3

Anuncios

2 comentarios sobre “Invisible pero auténtico: la historia de José Antonio Redolat

  1. Redo eres irrepetible. Muy grande en la pista, pero fuera de ella enooorme. Estoy orgulloso de haberte disfrutado esos años de junior en el cac. Un abrazo muy fuerte.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s