
Toni Lastra (Antonio de la Lastra Liern) dignificó la figura del atleta popular. Su leyenda como maratoniano y filósofo se inicia entre finales de los setenta y principios de los ochenta, un enclave temporal iniciÔtico, generador de consecuencias tan impredecibles como Star Wars, la música de Vangelis o la Sociedad Deportiva Correcaminos.
Transcurridos once aƱos de su muerte, Toni gana todavĆa la batalla mĆ”s difĆcil: basta con invocarle para poner de acuerdo a todo el mundo. Es algo asĆ como un bĆ”lsamo, como el Cid Campeador del running. Hay magnetismo eterno en su figura. Si le conociste y eres corredor, vuelves a Ć©l una y otra vez. Fue lĆder de una generación de Correcaminos que construyó la base de la carrera a pie en Valencia. Y, cuidado; decir Valencia y carreras en la misma frase es mucho decir hoy, aunque menos que maƱana.
Nuestro hombre escribió y habló de cosas que no se habĆan oĆdo en EspaƱa. Le dijo al cuarentón sedentario que no estaba loco por ventilar sus demonios haciendo lo que, entonces, se llamaba jogging y despuĆ©s footing. Le explicó que corriendo se podĆa dar una especie de sentido a la vida. Nadie como Ć©l captó y expresó esa mentalidad de la mujer o el hombre que, siendo cónyuge, oficinista, soƱador ālo que seaā hipoteca su tiempo en un reto personal que sólo entiende el autor. Sacudió la conciencia del atleta gris que se convierte en hĆ©roe domĆ©stico, en titĆ”n de sĆ mismo, peleando contra su fatiga, derrotado casi siempre, pero regresado de cada entrenamiento o competición un poco mĆ”s feliz, un poco mejor que al empezar.

Los homenajes contemporƔneos a su figura
A Toni, aquel corredor bajito con voz apta para el doblaje y estilo literario profundo, se le sigue honrando por muchas vĆas.
En torno a su cumpleaƱos (29 de febrero, una fecha Guadiana que viene y va cada ciclo olĆmpico), le conmemoran con cariƱo autĆ©ntico varios socios veteranos de Correcaminos. Lo hacen de una forma que a Ć©l le hubiera gustado: con un almuerzo que recuerda a aquellos que se tomaba en El Saler, tras un rodaje matinal de muchos kilómetros por la Devesa, sufriendo en las dunas y acelerando entre los pinos del parque natural.
TambiĆ©n se acuerdan de Toni otros clubes donde estuvo emocionalmente vinculado, como el Correliana. Por cierto, en La Eliana, donde estaba su hogar y falleció rodeado de amigos en 2015, tiene una fuente con su nombre junto al apeadero de Entrepins. Pasar unos minutos allĆ en soledad, entre tren y tren, te transporta en el tiempo y te acerca, sin aspavientos ni emoticonos, a esa espiritualidad que Lastra veĆa en las cosas del correr.

No terminan aquà los recuerdos. Correcaminos, organizador del Maratón de Valencia y patrocinador del Gran Premio Internacional de pista cubierta, otorga cada año, desde 2016, el Memorial Toni Lastra, un premio al corredor nacional o internacional mÔs rÔpido en los 3.000 metros. Los ganadores suelen ser atletas a los que luego puedes ver luchando en finales del Campeonato Europeo o Mundial de turno.
MƔs hitos y conmemoraciones
En 2023, el periodista Xavi Blasco dirigió un magnĆfico documental sobre la vida de Toni, impulsado tambiĆ©n por Correcaminos, titulado El Hombre que querĆa ser Michael Andrópolis. Si uno se fija bien, es imposible saber si el tal Andrópolis, protagonista de la pelĆcula Running, inspiró a Lastra en 1979 para ser corredor, como Ć©l sostenĆa, o si fue Lastra quien realmente inmortalizó el personaje y encarnó la esencia de un telefilm descatalogado y, si no fuera por el expresidente, condenado al olvido.

Y, mÔs homenajes. A propuesta de su querido club Correcaminos, igualmente, el Ayuntamiento de Valencia le ha otorgado una plaza con su nombre: Plaza de Toni Lastra, Maratoniano, en la barriada de Monteolivete, muy cerca de la salida del Maratón de Valencia.
No muy lejos de esa zona, a menos de 15 minutos corriendo, el propio Toni, hacia 1984, emergió una noche de niebla en el barrio portuario de Nazaret, se subió a una fuente, y gritó a sus compañeros de entrenamiento:
āĀ”He tenido una relevación! āun puƱado de tipos en pantalón corto, unos bebiendo su trago de agua correspondiente, otros a punto de hacerlo, quedaron en pausa ante la solemnidad mesiĆ”nica de Toniā. Ā”Escuchadme bien! Si tu pareja o tu trabajo no te dejan correrā¦
Y se calló, para dar mÔs emoción al momento.
āĀæQuĆ© hacemos, maestro? āse oyó una voz verdaderamente ansiosa.
āSi tu pareja o tu trabajo no te dejan correr⦠”deja a tu pareja y deja el trabajo! āexageró Toni.
Pero, en aquel momento, a todos les pareció apropiado.

El verdadero rƩcord de Toni Lastra
Hay otro aniversario menos conocido, casi Ćntimo, que al lĆder de Correcaminos le hubiera asombrado y enorgullecido que se recordase: el de su plusmarca personal en maratón. Que se desvele una faceta mĆ”s de Toni. No era un santo con zapatillas, ni un ermitaƱo que corrĆa sin ambiciones. A su nivel, resultaba un competidor fiero, sobre todo consigo mismo. Por algo su familia, antes que presidente, organizador o filósofo, sugirió que, en la placa de su calle, junto al nombre de Toni Lastra, no figurase otro oficio que el suyo de su corazón: maratoniano.
Y se han cumplido 40 aƱos, exactamente el 21 de abril, del dĆa que Lastra firmó su carrera mĆ”s veloz en la distancia de FilĆpides, su Everest de 42,195 kilómetros. Holló la cumbre en el Maratón de Londres de 1985.
Por cierto, es tentador hablar también del ganador de aquella carrera, el galés Steve Jones, un tipo ya totalmente desconocido para el público actual (”a Toni Lastra se le recuerda mÔs que a Steve Jones!), pero corredor de largo aliento con voluntad de hierro, sufridor como ninguno, que venció nada menos que en el Maratón de Chicago (dos veces), Nueva York y Londres.
Era un fin de semana mĆ”gico. ĀæHabĆa algo que no fuera mĆ”gico en los ochenta, cuando has sido joven en esa Ć©poca, y echas la vista atrĆ”s? El dĆa anterior, en Rotterdam, el veterano portuguĆ©s Carlos Lopes, en su Ćŗltima cabalgada triunfal, habĆa triturado el rĆ©cord del mundo del propio Jones (2h08:04) al correr en 2h07:12.
A la maƱana siguiente āde sol radiante, frescaā, en plena digestión de la plusmarca, Jones se juramentó para recuperarla, ni mĆ”s ni menos, que en la capital del Imperio BritĆ”nico.
Pero tambiĆ©n allĆ, en la salida de Greenwich Park, estaba nuestro Toni Lastra rodeado de miles de participantes.
Toni ya habĆa corrido un par de veces en Londres. En 1983 logró 2h57:13. En 1984 mejoró hasta 2h49:40. Hacia 1985, se hallaba en la cĆŗspide de su forma. TenĆa 49 aƱos de atleta muy tardĆo. Su afición se habĆa despertado en la madurez, tenĆa aĆŗn margen de mejora. Desde febrero, una vez concluida la organización el Maratón de Valencia, se dedicó en cuerpo y alma a entrenar. OĆa los cascos de la edad galopando a sus espaldas, anunciando el otoƱo de su rendimiento fĆsico. TenĆa que darse prisa. De esa Ć©poca procede su mejor sesión de series de mil, con varias por debajo de 3:25, acabando la Ćŗltima ācon algĆŗn compaƱero pugnarĆaā en menos de 3:00. Menuda pĆ”jara agarró el expresidente de Correcaminos. Es probable que, en otro universo paralelo, un Toni iniciado en el atletismo en su juventud y no a los cuarenta, hubiese alcanzado marcas por debajo de 2h30:00 en maratón.

Madrugadores y rezagados
En el Maratón de Londres de 1985 no habĆa boxes tal y como los conocemos hoy, pero sĆ se separaba a la Ć©lite del resto de los mortales. Y habĆa mortales, ciertamente, que madrugaban mucho para colocarse en la salida. Esto perjudicaba al futuro presidente de Correcaminos, como ya sabĆa por experiencias vividas en la ciudad del TĆ”mesis. Ir a velocidad de 4 minutos por kilómetro, como querĆa Ć©l, no te garantizaba un sitio mejor.
Por eso tomó precauciones.
Cogió con tiempo de sobra el metro de la Jubilee Line de Greenwich, igual que cada edición, abarrotado de participantes. Al bajar, anduvo casi dos kilómetros hasta la zona de partida y, una vez allĆ, intentó ponerse lo mĆ”s adelante posible. Sin embargo, descubrió que, esta vez, habĆa algo distinto. La carrera de Londres estaba creciendo a pasos agigantados, y se notaba la presencia de muchĆsima mĆ”s gente que en 1983 y 1984. Numerosos atletas se le habĆan adelantado. Era la versión maratoniana de aquellos que hacen cola en la apertura de las rebajas o a la puerta de un codiciado concierto.
Tan concurrida estaba la cosa, que le tocó salir relativamente atrĆ”s, en un sĆ”lvese quien pueda entre atletas de muy diferentes velocidades. Resignación y concentración āpensarĆaā, es una carrera muy larga; llegar entero al kilómetro 30 es mĆ”s importante que la partida. Era un hombre prĆ”ctico.
No es difĆcil imaginarle. LucĆa la equipación aurinegra, calzado con sus Nike Vendetta, resoplando sobre los puƱos cerrados, moviĆ©ndose ligeramente para no coger frĆo. AhĆ estaba, marinero enrolado en su mĆ”s desafiante travesĆa, desbocado su corazón de runner. Calibrando el reto de correr como nunca, pero pensando tambiĆ©n en amigos que no le pudieron acompaƱar, como Paco Gómez TrĆ©nor, que ya estaba enfermo y morirĆa meses mĆ”s tarde, y a quien dedicó una desgarradora carta de despedida que aĆŗn se puede leer en un cuadro que cuelga en las paredes de Correcaminos.
Un inicio accidentado
Llegó el disparo. El lapso real entre el tiro y el momento en que Toni atravesó la pancarta de salida de Mars, prominente patrocinador de la Ć©poca, fue de menos de un minuto. No resultaba una pĆ©rdida dramĆ”tica. Sin embargo, habĆa demasiada gente, y tardó en coger su ritmo de crucero, que era mĆ”s o menos de 3:58 por kilómetro. No lo consiguió hasta que se estiró el pelotón y, para mayor incordio, vio en su reloj Casio que no pasaba los tres primeros kilómetros ligeramente por debajo de 12 minutos, sino por encima de 13. ĀæHabĆa perdido noventa, ciento veinte segundos por culpa de la congestionada salida?

Muy por delante, Steve Jones y Charles Spedding, otro britĆ”nico medallista olĆmpico, muy buen competidor ochentero, se separaron hacia mitad de carrera del resto de perseguidores. Iban en pos del rĆ©cord mundial, en el rango 3:00ā3:02 por kilómetro. La BBC retransmitĆa el evento con un admirable despliegue de medios, teniendo en cuenta la Ć©poca.
De pronto, tras un plano Ć”ereo a la altura de la Torre de Londres, las cĆ”maras pillaron a Jones sĆŗbitamente retrasado, como regresando de un jardĆn. El locutor, David Coleman, lo atribuyó a un calambre en el gemelo, y el exatleta y comentarista tĆ©cnico David Bedford le dio rĆ”pidamente la razón. Era una hipótesis razonable y, por desgracia, se escapaban las opciones de rĆ©cord. Pero, en realidad, fue que el bueno de Steve Jones se paró a cagar. De ahĆ que, cuando remontó y superó a Spedding, a los narradores les resultara extraƱa la milagrosa recuperación de Jones; quien, pese a sus problemas intestinales, venció con un gran crono, para entonces, de 2h08:16.
āĀæHan visto eso? āse admiraronā Ā”Ha superado los calambres!
Años después sabemos la verdad: Jones lo contó en una entrevista.

Por su parte, la favorita femenina, una noruega voladora llamada Ingrid Kristiansen, destrozó su propio récord mundial con 2h21:06, sin liebres propias, con muchos problemas en los avituallamientos y, pese a la irrupción en carrera de numerosos espontÔneos, incluido un voluntario de la zona de meta que la animaba de manera tan gentil como estúpida. Quedó retratado para siempre en la foto de llegada.

La recta final de Toni
Por detrĆ”s el dĆa se fue estropeando. Las nubes ocultaron el sol, apareció una fina lluvia y empezó a soplar viento de cara en la recta de meta. La primavera londinense, elementary, my dear Watson, se empezó a parecerse al crudo invierno espaƱol. Los participantes iban llegando poco a poco, azotados por el aire en contra.
Lastra va recuperĆ”ndose del retraso inicial, y ha pasado oficialmente el medio maratón en 1h24:03. Peor de lo que querĆa. No obstante, estĆ” corriendo algunos segundos por debajo. Ćl lo sabe, pero no puede dar la cifra exacta, porque, como buen atleta ochentero, ha pulsado el reloj nada mĆ”s oĆr el tiro de salida. Sin embargo, las sensaciones no le engaƱan. Va bien, pese a los contratiempos. Es su carrera, estĆ” llegando al lĆmite fĆsico y energĆ©tico de su pequeƱa figura, enfocando cada gramo de energĆa en llegar a meta.
Y sufre, pero derrota a su sufrimiento, como en todos los grandes momentos del ser humano. Termina en 2h48:34.



No hay imagen bajo el arco de meta de uno de los momentos mƔs felices de la vida deportiva de Toni. Tampoco se le ha encontrado en ninguna foto del recorrido, ni se tomaban tiempos netos o existe otra referencia que la oficial.
En cambio, sĆ podemos reconstruir aproximadamente el pasado a partir de pequeƱos fragmentos. Echando un cĆ”lculo aproximado, si descontamos una pĆ©rdida inicial entre 1 y 2 minutos, la marca neta de Toni fue de 2h47 poco, 2h46 mucho. Cierto, lo que se dice cierto, no lo sabĆa ni Ć©l. Que el misterio convierta la exactitud en vaporosa leyenda.
Y que la leyenda custodie su gran tesoro, casi 41 aƱos despuĆ©s. Esa personal best inconcreta, pero apta para la posteridad. A Toni, sin duda, le hubiera gustado ir mĆ”s deprisa. Pero los corredores de pura raza como Ć©l se conforman. Son las criaturas que mejor entienden la relación entre espacio y tiempo. Tienen mente cuĆ”ntica y terminan aceptando las leyes de la fĆsica. A tal distancia, tantas horas, minutos o segundos. No mĆ”s hay tutĆa. Lastra ācuanto mĆ”s viejo, mĆ”s sabioā acabó por apreciar aquella carrera de Londres-1985 como su mĆ”s entonada singladura por el cosmos.
Sumemos a los homenajes, por tanto, el recuerdo de aquella maƱana de 1985 en Greenwich Park. El dĆa que Lastra se superó a sĆ mismo y nos explicó una vez mĆ”s, desnudo de Instagram o Strava, que correr es hermoso. Que un maratón es la imagen de tu propia vida. Que toda carrera te enfrenta sólo a ti. Y admirĆ©monos de la grandeza de Toni: un hombre capaz conseguir en Londres, en Valencia, en La Eliana, no importa dónde ni cuĆ”ndo, que cada remota batalla, sólo por ser suya, siga resonando en la eternidad.
Juan Manuel Botella
Fotos archivo familia Lastra, SDC y BBC
















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